LOS MOLINOS DE AGUA
Origen del molino hidráulico
Antes de la aparición de los molinos de agua, la molturación del grano de hacia por medios manuales o bien utilizando la tracción animal en rudimentarios molinos.
Los primeros textos que hablan de los molinos de agua o hidráulicos aparecen en torno al siglo I a. d. C. Antipates de Salónica ya escribe sobre el molino de agua de rueda horizontal y Vitrubio también se refiere a los molinos de rueda vertical movida por agua (aceña). En siglos posteriores, serán los árabes quienes perfeccionan el molino hidráulico e introducen mejoras en el molino de rueda horizontal y en los batanes de paños. En España, con la Edad Media y la dependencia de los cereales para la alimentación, se extienden extraordinariamente y se llegan a contabilizar más de 8.000. Tratadistas e ingenieros como Juanelo Turriano, en España, y los enciclopedistas en Francia dedicaron su esfuerzo a la tecnología de los molinos hidráulicos y difundir su conocimiento.
Por otra parte, la construcción y gestión de los molinos harineros dan lugar a toda una legislación que aparece tanto en los Fueros como en las distintas recopilaciones de leyes y ordenanzas con el fin de regular su funcionamiento. La importancia de los molinos en la vida económica de la sociedad rural española llega prácticamente hasta después de la guerra civil, aunque su máximo esplendor lo alcanzan entre el siglo XIV y XIX, cuando empieza ya su declive.
Funcionamiento del molino hidráulico
El molino hidráulico utiliza como fuente de energía el agua y, por lo tanto, necesita de un cauce, más o menos regular, que aporte este elemento. A diferencia de las aceñas, los molinos hidráulicos no se construían en el margen del río sino a una distancia variable del mismo, por lo que era necesario desviar la corriente; para conseguirlo se levantaron presas que encauzaban parte del caudal hacia el propio molino por un canal o acequia
Tras desviar el agua de su cauce natural, dando lugar de alguna forma a islas artificiales, se dirige el caudal hacia el edificio del molino donde el elemento fundamental es el empietro, conjunto de dos muelas de piedra, la inferior denominada solera, que permanece fija, y la superior, llamada también volandera o corredera, a la que se aplica un movimiento giratorio.
El agua, cuyo caudal se regula con los ladrones, compuertas de acceso al cubo de presión o rampa, se impulsa hacia el cárcavo — foso situado bajo la sala del molino—, por un canal inclinado cuyo caudal está regulado por una llave llamada saetín que controla la compuerta de entrada. Una vez dentro del cárcavo, el agua a presión golpea en los alabes o palas del rodezno o rodete, una rueda horizontal asentada sobre una viga de madera. Tras golpear el rodezno, el agua seguía su curso bajo el edificio del molino por el socaz desde donde nuevamente encauzada en una acequia volvía al curso natural del río.
Los rodeznos tenían un diámetro que oscilaba entre 80 y 160 cm. y su frecuencia de giro estaba en torno a 110 r.p.m, aunque esta velocidad variaba en función del propio caudal del agua. En su parte inferior el rodezno contaba con una pieza, llamada gorrón o punta, que giraba sobre la rangua, encajada a su vez en la base.
El movimiento circular del rodezno se transmite, a su vez, a la muela superior o volandera por medio de un eje de madera denominado árbol. El árbol encaja en la piedra molar inferior o solera, con una pieza metálica, y en la piedra superior con el palahierro que se conecta a la lavija, acoplada a la moledera, para transmitirle el movimiento a la misma.
Para depositar el grano y dirigirlo al sistema de molturación el molino dispone de la tolva, una caja de madera con forma de pirámide invertida y que finaliza en la canalejao canaleta