EL MOLINO DE ANGULO
El Molino de Angulo sede del Museo de la Molinería, tras pasar por un profundo proceso de restauración, en su diseño de planta actual es un edificio de comienzos del siglo XVIII, aunque es seguro que se construyó sobre una edificación anterior existente, al menos, desde el siglo XVI. Desde su construcción tuvo distintos propietarios que lo arrendaban a los molineros interesados en explotar mediante el sistema de maquila sus instalaciones, una de las mejores de toda la ribera del Tajuña.
El molino no siempre se conoció por este nombre. Al menos existe constancia documental de que también fue conocido como molino de la Huerta de la Vega, cuando pertenecía a la casa de Altamira, poseedora del señorío de Morata y propietaria también del batán de paños de isla Taray. En otros documentos aparece identificado como molino de Abajo.
El mismo molino, en 1756, aparece como propiedad de la capellanía de Pedro Sanz Carretero según consta en el contrato de arrendamiento de ese año en el que se señala que ante mi el escribano y testigos parezio Ignacio Hernández vezino de esta villa y ottorgó que tomava en renta y arrendamiento el molino de la Huerta que es propio del capellán de la capellanía que fundó el Ldo. Pedro Sánchez Carretero ... Por tiempo y espacio de cuatro años y quatro pagas que empezarán a correr y conttarse en primero de Abril de este año de la fecha y cumplirán n lo real día del año que viene de mil settezientos y sesenta y por precio y cuantía de sesenta fanegas de trigo en cada uno de dichos años las que se obliga a pagar a los dichos señores a cada uno según la parte que tuviere en dicho molino puesto en limpio y punto de dar y rezibir que la primera paga que a de hacer a de ser y será por mitad de sesis a seis meses y de treinta fanegas para el día primero de octubre de este presente año y la segunda de otra tanta cantidad para el día de abril del año que viene de mil settecientos cinquenta y siette y así subcesivamente .
El arrendador, Ignacio Hernandez, de treinta y nueve años, casado con Maria y con dos hijos es el mismo que aparece en el Catastro de Ensenada como uno de los molineros que trabajaban en Morata en esta época — el otro era Ramón de Motta de treinta años, molinero de la aceña que llaman de la vega, casado con María y con tres hijas—. De acuerdo con los datos del catastro las características del molino de la Huerta de la Vega y el precio de su arrendamiento era las siguientes: molino harinero distante de la población como seiscientos pasos donde llaman la huerta de la Vega en el río Tajuña con tres muelas cubiertas, presa, ladrones y demás pertrechos necesarios, propio del señor de la Villa arrendado en cada un año en ochenta y siete fanegas de trigo que al precio regulado corresponde a mil seiscientos cincuenta y tres reales que es el precio que a costa de frecuencia ha tenido siempre.
Según se ha reseñado ya, el molino permaneció en manos de la casa de Altamira justo hasta el año 1822. En esta fecha, según se puede comprobar en el apuntamiento del Registro de la Propiedad, el molino pasa a propiedad de Manuel de Angulo, de quien recibió el nombre con el que se le conoce actualmente por la compra que hizo al último propietario de la Casa de Altamira, Vicente Pío Osorio de Moscoso.
En el apunte del Registro se señala que la finca se denomina Molino de Abajo y se encuentra a mano izquierda del camino vecinal de esta villa denominado de las Puentes, pasada la tercera, donde se halla el desaguador del caz del Casno con camino hecho desde ella hasta la entrada que la tiene al mediodía. El edificio ocupa una superficie de tres mil ciento veinte pies con inclusión del terreno que cubre el tejadillo sobre la puerta que da entrada y contiene un portal ahechadero, arca de maquilas, cuarto de las piedras en el que hay tres muelas corrientes con todos los útiles necesarios para la fabricación de harinas, dos pequeños cuartos y caballerizas, y sobre esta planta baja hay un piso alto, una cámara cocina y dos pequeños cuartos. Tiene este artefacto una presa de fábrica y dos ladrones de piedra sillería con sus correspondientes compuertas que ocupan una extensión de cuatrocientos cuarenta pies y una islilla en la que hay construida una cochiquera para cerdos que ocupa setenta y dos estadales y la parte del río desaguador y cada una de las piedras noventa y un estadales, tiene también este molino su puerta de entrada en una plazuela que le es aneja y ocupa veintiocho estadales de terreno y todo linda por derecha con tierra de Benito Sánchez Bravo, por el sestero la huerta de esta hacienda antes delimitada y el río por medio, izquierda tierra de esta hacienda señalada con el número sesenta y uno, llevándole en arrendamiento este artefacto Tomás Sánchez, pagando de inquilinato anual por él la cantidad de tres mil ochocientos cuarenta reales de vellón, valorado en once mil escudos (...).
A finales del siglo XIX molino de la Huerta de Angulo fue reformado para mejorar sus prestaciones. Estos trabajos de reforma se llevaron a cabo en 1888 y estuvieron a cargo de su propietario, Diego María Jarava, casado con Ramona Muñoz del Acebal, descendiente de Manuel Angulo. Gracias a estas reformas, el molino acrecentó sus prestaciones, lo que unido a su cercanía a Morata propició, de alguna forma, que el otro molino del municipio —el Molino Hundido— dejara de funcionar y quedara finalmente abandonado.
Las reformas en el molino de Angulo continuaron en años sucesivos y a comienzos de siglo se instaló una turbina eléctrica para la producción de luz. Para alimentar la turbina y dar salida a los humos se instaló la chimenea que aún hoy ocupa la fachada principal del molino. No obstante, pese a esta nueva función como generador de energía eléctrica, el molino mantuvo su dedicación a la molturación de grano durante varias décadas más. De hecho, los propietarios de la familia Mac Crohon refrendaron y asentaron su importancia como molino harinero al registrar a su nombre el salto de agua del que obtenía la fuerza motriz. Según este apunte, el salto utilizado mide dos metros treinta y un decímetros con un volumen de agua utilizada de dos mil cuatrocientos setenta y siete litros quinientos treinta y siete mililitros por segundo, el cual se destina exclusivamente a dar fuerza motriz al referido molino harinero, el cual es conocido con la denominación de Molino de Abajo y se halla situado a unos doscientos veinte metros aguas abajo de la bifurcación del río Tajuña en dos y en su brazo derecho.
Tras la guerra civil, en la que el edificio se salvó de los bombardeos cercanos al frente, el molino de Angulo continuó funcionando a pleno rendimiento, no sólo para molturar el grano y los cereales del término de Morata, sino también, en esos difíciles años, el procedente de varios pueblos aledaños. Sin embargo, poco a poco surgieron otras alternativas para la molienda más modernas, en forma de molinos eléctricos ya generalizados y sin restricciones de energía tras los años de postguerra. Estos nuevos molinos, junto a la competencia de las fábricas de harinas propiciaron finalmente que, a finales de los años sesenta, en el molino de Angulo dejará definitivamente de girar sus piedras.